LO FEMENINO,LA HISTERIA Y LAS BRUJAS

La histeria fue una enfermedad diagnosticada en la medicina occidental hasta mediados del siglo XIX y relacionada directamente con las mujeres.

 

Etimológicamente la palabra “hysteria”viene del griego: hystera, concepto usado para el útero. Desde la cultura egipcia, en el 1900 a.C aproximadamente,se relacionó con una patología exclusivamente femenina, ya que se pensaba que dependía de un mal funcionamiento de su sexualidad: el útero, privado de relaciones sexuales, acumulaba semen que necesitaba salir y por ello se movía por todo el cuerpo, causando un amplio abanico de síntomas, que incluían desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, respiración entrecortada, irritabilidad, fuertes dolores de cabeza, pérdida de apetito y “tendencia a causar problemas”.

 

Lo que parecen síntomas de lo más habituales, se siguieron considerando como histeria a lo largo de la historia hasta bien entrado el S XX.

Hipócrates o Galeno se animan a diagnosticar la histeria como “la enfermedad de las vírgenes”, donde el útero tiene un papel principal en el proceso de locura de las mujeres.

Durante la Edad Media, el concepto de histeria se unió al de brujería. En el Malleus Malificarum, se hablaba directamente de "epidemias histéricas” como un intento de menospreciar la figura de la mujer. Los ataques que se le atribuían a la histeria, eran provocados por el demonio: “Toda brujería proviene del deseo carnal, que en las mujeres es insaciable.

Hay tres cosas que nunca son saciadas, más aún una cuarta que nunca se dice: Ya es suficiente; y ésta es la boca del útero. Razón por la cual para satisfacer su lujuria tiene tratos hasta con el diablo.” Barning A; Cashford J. (2005) El mito de la Diosa. Evolución de una imagen. Siruelas: España, p. 595.

 

 

TRATAMIENTOS

Desde la época clásica, se utilizaban en concreto dos formas de tratar la enfermedad, diferenciando si la mujer estaba casada o no.

En el primero de los casos, el sexo coital dentro del matrimonio era básico ( obviamente no buscando un placer sexual femenino), sino encuentros vigorosos con sus maridos que calamarían ese fervor uterino.

Por supuesto, la masturbación se prohibía con argumentos morales y de salud. En el caso de que la mujer fuera soltera,virgen o monja, los tratamientos fueron variando con el tiempo:

 

● Se recomendaban ejercicios como montar en bicicleta o la equitación.

Movimientos vigorosos como ir en carruaje o en tren.

● La hidroterapia, con chorros de agua directos a la pelvis, que estimulaba la circulación nerviosa de los genitales femeninos y favorecía las secreciones. Si os fijáis, en el S XIX se hicieron cada vez más famosos los balnearios, frecuentados en gran medida por las mujeres. Muchas instalaciones termales, como las de Bath, disponían de chorros de agua estimulantes en departamentos femeninos especiales.

● Sin duda el tratamiento más eficaz era el llamado “masaje pélvico”, una estimulación manual de los genitales de la mujer por el doctor hasta llegar al orgasmo que, en el contexto de la época, se denominaba «paroxismo histérico. Este tipo de masaje se volvió muy eficaz, con lo que las consultas médicas estaban llenas de mujeres histéricas.

 

Los médicos sufrían de lesiones en las manos de masajear a las damas enfermas, con lo que tuvieron que encontrar nuevas fórmulas que les permitieran hacer los masajes de forma automática.

 

LA CREACIÓN DEL VIBRADOR

Sería el médico estadounidense George Taylor quien, entre 1869 y 1872, patentó una serie de aparatos que solucionaban el problema uterino. El más eficaz de los artilugios que creó fue sin duda el Manipulator: un grueso instrumento cuya vibración se podía comparar, según el propio inventor, «a los golpes de un martillo infinitesimal sometido a una acción continua y muy rápida».

 

Más tarde, en 1880, el doctor inglés Joseph Mortimer Granville inventó el primer vibrador electromecánico con forma fálica. El mecanismo era muy ingenioso: el calderón de vapor, mediante la correa de transmisión, movía una cadena que, al girar, alimentaba una dinamo. Esta cargaba la batería que daba corriente al motor eléctrico y ponía en movimiento el émbolo del dildo.

El invento fue todo un éxito ya que lograba “aliviar” a las pacientes en menos de diez minutos de una manera eficaz, limpia y sencilla Sería en 1902 cuando la empresa estadounidense Hamilton Beach comercializó el primer vibrador eléctrico para venta al por menor. 

En 1862 entra en escena Jean-Martin Charcot, neuropatólogo y director de La Salpêtrière,en París, el centro neurológico más importante del mundo. Este hospital fue usado como prisión para prostitutas, criminales dementes, discapacitadas mentales y pobres.

Este doctor fue uno de los defensores de la histeria como patología neurológica y no fruto de una afección uterina, considerando a la histeria como una enfermedad de ambos sexos. Si bien la forma en que estudió dicha enfermedad no fue del todo académica. De todo ello hablaremos en un próximo post en nuestro blog.

 

DESMONTANDO LA HISTERIA

Afortunadamente desde mediados del SXX, se sabe que la histeria es una enfermedad psicológica y que no tiene nada que ver con el género de quién la sufre. Aparece en personas que se encuentran en situaciones límite o con grandes crisis psicológicas, encuadrada dentro de la tipología de la neurosis. Se caracteriza por frecuentes cambios psíquicos y alteraciones emocionales que pueden ir acompañadas de convulsiones, parálisis y sofocaciones.

 

RELÁJATE, NO TE PONGAS HISTÉRICA

 

Lamentablemente, la carga negativa del insulto se ha mantenido intacta e incluso se ha popularizado con nuevas connotaciones tras el auge del movimiento feminista.

A día de hoy, concepto de histérica/o se sigue utilizando en mayor medida para referirse a las mujeres, amparándose en los roles de género, generalizando que las mujeres son más pasionales y proclives a actuar sin pensar, dejándose llevar por su carácter. Histéricas por levantar la voz, por decir lo que pensamos, por emocionarnos… por expresar nuestras emociones al fin y al cabo.

Como decimos, con el papel cada vez mayor del movimiento feminista y las manifestaciones multitudinarias como las del 8 M, tiene cada vez más fuerza el grito de: ¡No somos histéricas, somos históricas!

 

 

Bibliografía: Historia de la misoginia, Esperança Bosch Fiol, Victòria A. Ferrer Pérez, Margarita Gili Planas

Dejar un comentario